¿Es una droga el alcohol? El consumo de alcohol forma parte de nuestro día a día. No le damos importancia hasta que observamos serios cambios en el comportamiento habitual que impide la realización de una vida normal, con las responsabilidades que conlleva. Lo curioso es que se puede ser adicto sin necesidad de estar constantemente “borracho”. Esto pasa cuando se necesita a diario, o frecuentemente, consumirlo para estar bien. Para información sobre su tratamiento, visite el apartado tratamiento alcoholismo.
El uso repetido de alcohol produce tolerancia, es decir que cada vez se puede ingerir más cantidad para llegar a la situación de borrachera, o pérdida del control. Esto es lo mas frecuente, pero también se dan casos contrarios y se produce la tolerancia negativa cuando una pequeña cantidad de etanol es suficiente para quedar completamente ebrios.
Como decíamos, el consumo de esta sustancia está ligado a fiestas familiares, situaciones de ocio y cotidianos. Muchas veces es la excusa para que un grupo de amigos se reunan, o se formalice un negocio. Casi podríamos decir que en nuestro país no beber es un comportamiento extraño y que cualquier acto social lleva asociado algún tipo de consumo.
Exixte también un porcentaje elevado de mujeres que consumen alcohol en privado, en sus casas y a solas. La facilidad para obtenerlo sin el enjuiciamiento social y la posibilidad de tomarlo en horas mas privadas, hacen que sea una de las causas (junto a “las pastillas” en general) de la adicción de numerosas mujeres de edad madura.
Las manifestaciones más importantes son los cambios conductuales desadaptativos como la desinhibición de impulsos sexuales o agresividad, labilidad emocional, deterioro de la capacidad de juicio y de la actividad social o laboral, lenguaje farfullante, descoordinación, marcha inestable, rubor facial, cambio del estado de ánimo, irritabilidad, locuacidad y disminución de la capacidad de atención. La conducta habitual del sujeto puede acentuarse o alterarse. A veces se asocia una amnesia u olvido de los acontecimientos durante la intoxicación.
En el seno de la familia se produce desestructuración,de crisis y/o malos tratos y laboralmente se incrementa el absentismo, baja del rendimiento y aumento de accidentes.
Como es un depresor del sistema nervioso central, bloquea el funcionamiento responsable de las inhibiciones. Este es el motivo de que muchas personas y jóvenes en general comiencen su consumo. La persona se siente eufórica, alegre, con una falsa seguridad de sí mismo que puede conducir, en ocasiones, a la adopción de conductas temerarias.
Pero también afecta a los centros superiores del cerebro o, lo que es igual, a los sentimientos, reflexión, memoria, atención y control social. Cuando se ingiere altas dosis, produce falta de coordinación, lentitud en los reflejos, vértigo e incluso visión doble y pérdida del equilibrio. La irritabilidad, el insomnio, los delirios de celos o de persecución y las depresiones son algunas de las manifestaciones que suelen sufrir los consumidores crónicos de esta droga.
Orgánicamente, el alcohol provoca degeneración y atrofia cerebral, anemia y disminución de las defensas, alteraciones cardiacas (miocarditis), hepatitis o cirrosis, gastritis, úlceras, trastornos en la absorción de vitaminas, hidratos y grasas que provocan cuadros carenciales. El consumo habitual por parte de la mujer embarazada puede dar lugar al llamado síndrome alcohólico-fetal caracterizado por malformaciones, bajo cociente intelectual, etc
La retirada de alcohol, en una persona alcohólica, desencadena un síndrome de abstinencia peligroso, que requiere atención médica. Los síntomas van desde inquietud, nerviosismo, ansiedad, calambres musculares, temblores, náuseas, vómitos, irritabilidad…hasta el “delirium tremens” caracterizado por confusión mental, delirios y alucinaciones, fuertes temblores y hasta la muerte. No se debe realizar sin apoyo médico.