También conocida como porros, canutos, petardos, petas, maría, chocolate. Los cannabinoides son compuestos derivados de la planta denominada Cannabis sativa, que se cultiva prácticamente en todo el mundo. Se ha cultivado durante siglos tanto por la utilidad de la fibra de cáñamo como por sus propiedades psicoactivas y su supuesta utilidad clínica.
Para su consumo se suele presentar de tres formas: “marihuana o hierba” preparada a partir de las hojas secas, flores y pequeños tallos de la Cannabis sativa; “hashish o hash”, que se elabora prensando la resina de la planta hembra, dando lugar a un bloque de color marrón. Su contenido de THC (hasta un 20%) es superior al de la marihuana (del 5 al 10%), por lo que su toxicidad es potencialmente mayor. Por último, existe un concentrado líquido conocido como “aceite de cannabis o aceite de hachís” que se obtiene mezclando la resina con algún disolvente como acetona, alcohol o gasolina, el cual se evapora en parte, dando lugar a una mixtura viscosa cuyas proporciones de THC son muy elevadas (hasta un 85%). Se mezcla con tabaco para fumarse, o se toma en infusiones, tortillas y repostería.
Los derivados del cannabis son las sustancias ilegales más consumidas en España.
La tolerancia puede aparecer incluso con un uso esporádico. El síndrome de abstinencia conlleva ansiedad, insomnio, irritabilidad, depresión, disminución del apetito, etc.
Como riesgo principal se apuntan apatía y pérdida o disminución del interés en el individuo, disminución en la capacidad de concentración y de memorización, especialmente en consumidores diarios
Está constatada la potencialidad del cannabis como elemento desencadenante de psicosis y cuadros delirante-alucinatorios en personas en riesgo.