Heroína

También conocida como Caballo, potro, jaco, reina, dama blanca, hero, po. Es un derivado de la morfina que a su vez se extrae del opio. En su forma original la heroína es un polvo blanco cristalino blanco, inodoro y fino pero dependiendo del proceso de producción puede presentarse con otra textura y color.

Durante mucho tiempo, la heroína se ha administrado por vía intravenosa (“pico”), pero la aparición del SIDA entre los heroinómanos explica que la tendencia actual sea la de fumar o aspirar el vapor resultante del calentamiento de la sustancia (“chino”), la aspiración intranasal de la sustancia, conocido popularmente como “esnifar” y el consumo por vía sublingual.

Tiene una alta dependencia y alta tolerancia. Transcurridas varias horas desde la última administración de la sustancia, el adicto necesita una nueva dosis. La tolerancia aparece con rapidez. Se tiende a aumentar la cantidad de heroína para conseguir los mismos efectos que antes se lograban con dosis menores, lo cual desencadena una manifiesta habituación y dependencia

El uso continuado de la sustancia puede producir alteraciones de la personalidad, trastornos de la memoria, de ansiedad y depresión y una tremenda dependencia que hace que toda la vida del consumidor gire en torno a la sustancia, la desestructuración familiar, situación de desempleo, ruptura de relaciones interpersonales, ausencia de recursos económicos.

Síndrome de Abstinencia. El conjunto de signos y síntomas que aparecen tras el abandono del consumo de heroína se inician alrededor de las 8 horas de la última dosis, siendo máximo el malestar entre las 36 y 72 horas para decrecer progresivamente hasta los 5-10 días. Es el llamado “mono”. El síndrome de abstinencia presenta diferentes fases; en el estadio inicial aparece lagrimeo, sudoración, sensación de debilidad, deseo de la droga, bostezos y rinorrea, (secreción intensa de moco nasal). En la fase intermedia el sujeto se encuentra inquieto, con un alto grado de ansiedad, sufre temblores, dolores musculares, irritabilidad, piloerección, dilatación de las pupilas, insomnio, escalofríos, agitación psicomotriz. A medida que el cuadro de abstinencia progresa sobreviene diarrea, náuseas, vómitos, eyaculación espontánea, fuertes dolores y calambres en las extremidades, fiebres… Aproximadamente en una semana suelen desaparecer estos síntomas, aunque permanece el recuerdo constante de la droga.
El síndrome descrito, si bien se percibe insufrible por muchos heroinómanos, no reviste gravedad y puede superarse sin riesgo para la salud.